Gerard Depardieu: “Nadie puede aportar gracia sin amor”

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Gerard Depardieu: “Nadie puede aportar gracia sin amor”

El aclamado actor francés Gerard Depardieu estrena esta semana su nueva película "Chanson d'amour", donde interpreta a un cantante de salas de fiestas conoce a Marion, una joven a la que dobla la edad. A pesar de la química que entre los dos hay desde el primer momento, ambos son conscientes de que su historia de amor es imposible.

-¿Cómo le presentó el papel Xavier Giannoli?

Me sorprendió encontrar a alguien en este oficio que tuviera la mirada clara, la mente despierta y que supiera de lo que hablaba, dotado de un amor sin límites por el cine y la canción. Xavier es un gran conocedor del mundo del cine. Con esto quiero decir que es eléctrico, abierto a todos los géneros y, en general, con un espíritu crítico y polémico que me encanta. Resumiendo, un joven con temperamento y un carácter aparentemente muy difícil, que no es más que el resultado de su implicación. Lo que hace, sólo se le parece realmente a él, y eso es todo. Cuando me envió el guión de Chanson d'amour, lo acepté sin dudar un instante. El único mensaje que hay que transmitir es la energía de un joven director independiente que quiere contar cosas. Todo lo demás es accesorio.

-¿Qué pensó, entonces, de la historia?

Que es muy hermosa y que su autor conocía el tema. Lo acertado de los diálogos me recordaba a un tipo de cine que me encanta, y son huellas de un respeto lleno de poesía por los cantantes de verbenas o salas de fiesta, en Auvernia o en cualquier otra parte. No vi la típica mirada de parisino que habrían adoptado muchos directores jóvenes y presuntuosos. Además, le he visto dirigir un equipo con el que tenía la costumbre de trabajar, con unas exigencias que no se hacían demasiado gravosas para nadie.

-¿Cuáles eran estas exigencias?

Los directores con talento suelen ir precedidos de una temible reputación. De este modo, a Giannoli, se le tenía por duro, impasible… pero Xavier no es duro, sino preciso. Puede ser, al mismo tiempo, difícil y encantador, porque es un ser muy inteligente y supersensible. Pero sobre todo, es un joven amable y discreto. Tiene una personalidad fuerte, un punto obsesivo que le hace no abandonar nunca los retos del guión, lo suficientemente pensado como para no replanteárselo. Se ha creado su propio modo de producción, lo que le permite ser muy independiente en su trabajo. Y, también tiene imaginación, nos hacían gracia las mismas cosas.

-¿No le asustaba el hecho de interpretar a un cantante?

Alain Moreau es un hombre al que le gustan las melodías y las canciones. Simplemente, hace bailar a la gente. En este caso, no era más difícil cantar a Gainsbourg, que a Christophe o a cualquier otro. Porque no se trataba de imitarlos, sino de interpretar a Alain Moreau, actuando con sus propios medios. Mucho mejor, porque es más difícil ser Michel Delpech, que Alain Moreau cantando a Michel Delpech. La auténtica canción popular, es pura poesía. En "La mujer de al lado" de François Truffaut, Fanny me decía: "Las canciones dicen la verdad". Apreciarlas en su justa medida requiere una gran sensibilidad. Que Alain Moreau posee.

-¿Pero usted ha conocido a su referente, Alain Chanone?

Claro. Y he conocido a otros como él. Es un tío al que le apasiona lo que hace… Ha sido maravilloso poder estar con él y con los demás personajes reales de ese mundo.

-¿Habló con Xavier Giannoli de las canciones que iba a interpretar?

Sí. Y eso que ya las conocía muy bien. Barbara me repetía que la canción es un arte único. La aventura que vive un cantante, cuando está de gira, es algo increíble. Le cuesta mucho volver al planeta tierra. Alain Moreau, por su parte, es más interesante. Conoce todo este universo, pero prefiere su pequeño mundo, la gente que viene a bailar. Sabe muy bien que nunca se convertirá en una estrella. Pero, ¿se lo plantea siquiera? ¿No es precisamente esto lo que marca la diferencia, su humanidad? Vive con su cabra, su lámpara de rayos UVA, su melancolía… Y lo único que va a enturbiar su soledad, es el amor. Se nota que ha tenido una historia, aunque no termina de acabar. Prueba de ello, los paréntesis que tiene con su exmujer, interpretada por Christine Citti. Con Marion, es distinto. Es de otra generación, es distinta, más lúcida, más tajante, incluso algo brusca. El polo opuesto a Cécile de France. ¡Es tan dulce, abierta y sensible! Es una chica estupenda. Posee una libertad que te cautiva. Una gran salud moral y valores excepcionales. Quizá sea algo inherente a los belgas. Le deseo todo lo mejor.

-Da la impresión de que se ha entregado en esta película, como no lo había hecho desde hacía mucho.

De una manera distinta, sí. Pero hay quien se asusta y otros, se aprovechan de lo que les ofrecen... No soy tan impresionante. Sólo los tontos se dejan impresionar. Cuando la gente es auténtica, no hay problema. Los parisinos han perdido la realidad, la autenticidad o el misterio. Aquí, Giannoli no juzga nunca a los protagonistas. Les ama como les habría amado un Jean Renoir. De esta película, salimos engrandecidos, como elevados. En primer lugar, nos gusta. En parte, gracias a las canciones, que son realmente muy importantes, aunque no nos demos cuenta. Y luego, por la propia identidad de las películas de autor, en donde el punto de vista ennoblece al espectador. Se trata, en todo caso, de la historia de un hombre que quiere hacer feliz a la gente. ¿Hay algo más bonito? Me ha emocionado tanto verlo como me emocionó leerlo. Sobre todo, por la inteligencia de la dirección, el rigor, sin que resulte pesado, en la construcción dramática de la película. Las aportaciones puramente técnicas se derivan de su coherencia con la situación. Cuando es así de fuerte, no hace falta añadir efectos.

-Parece que la frase: "Una y otra vez, todo el mundo cree que voy a cascar y ¡ale hop! Vuelta a empezar..." la han escrito para usted.

Somos los primeros que nos decimos una cosa así. De todos modos, el que cree que tiene talento, está muerto. Los demás ya no podrán hacerle revivir. Y sobrevivirá sólo en función de la motivación que encuentre en su trabajo. Nuestro propio talento, sólo lo vemos cuando se nos escapa. Ocurre lo mismo con el director: si no hay amor en su manera de trabajar, hace aguas por todas partes. Nadie puede aportar gracia sin amor.

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